También escribo en...

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A donde van los escritos extraviados...

martes, 27 de abril de 2010

Pedazos...

….de los últimos días en los que había interrumpido su inocencia durante las nocturnidades, en uno de sus paseos se había encontrado cinco centavos en la plaza central, fue cuando hizo lo que los grandes peces gordos de La British Company habrían considerado inversión: informarse de los hechos para poder librarse posteriormente de futuros desechos…

Ella lo veía así: desde siempre hemos sido retales de un periódico a quienes nos construyen la historia, nos faltan páginas, nos enredan en la memoria, nos rasgan el futuro arrugando las hojas del presente,
Las manchas de café, las comparsas apuntadas en las esquinas, los números de teléfono importantes,
Cuántas cosas valiosas dejamos apuntadas en los márgenes de la vida que nos han dado.

Los malos ensayos, las malas letras, los anuncios por palabras, las fotografías de LPs con su funda gastada,
Artículos sobre la economía y la literatura de casquillo, las teleseries, en definitiva, el autor continuaba:

“….la vida diaria y sus deleitosos peligros; el miedo y el dolor nos mantienen vivos, que seamos leídos y escuchados, comprendidos por otros como tal, entre línea y línea, verso a verso – y esto empieza a sonar de funcionarios malpagados, pensó Claire –
Pobres becarios de la imprenta, todos ellos juntos, nos venden que cuentan sus vidas como quien talla arena… Aférrense a las líneas, que viene punto y aparte.

Hay lectores que tal vez no quieran seguir alimentando nuestras vidas, nuestra literatura barata y sucia, y nos dejarán morir frente a cualquier otro soldadito de pluma acostumbrado a lidiar en los grandes frontones de acoso y derribo…”

Claire tiró el periódico a la basura.

Segundas Vidas.

¡Como envidiaba Claire a los gatos, santo cielo!, Esas criaturas vespertinas y crepusculares, de andar ágil y mirada inteligente,
Ellos no necesitan direcciones que seguir ni caminos que andar, ellos son músicos, buenos músicos nocturnos organizados en orquestas de jazz, con platillos incluidos,
Maestro aquel que lleva la voz maullante y da la orden de hacer de una noche oscura como los abismos el más insomne infierno tortuoso.
Siempre caen de pie, Claire lo sabe, como que tienen siete vidas; ¡No los bastaba con una, como todos!

Los gatos nunca comprenderían de infiernos ni Santo Tomás de Aquinohaymás de lo que ves,
Tal vez, tal vez. Así que Claire se aventuró con Summertime en plena madrugada, Louis Armstrong seguía tocando tan bien desde hacía tanto tiempo… Pero voces vecinas, escandalosas y chillonas provenían de la habitación de al lado, un coro de quejas y críticas amorales “¿Quién es el loco que perturba la paz en el infierno de la primera vía, mujer?”. Claire empatizaba un rato, después se divertía todo bohemia.

Los golpes en las paredes de cartón siempre acaban por derribar el tocadiscos, desequilibrar la aguja y el Locus Amoenus de, ¿cuántos?,

Era entonces cuando en cada noche anhelaba aún más reencarnarse en un gato.

Del más allá.

“Vamos a pasear por el camino de la noche”; hacía tanto que no rozaba el silencio, que dormía sin poder soñar, y el sonido de las voces dulcificadas sólo habían sido los susurros musitados de cama en cama.

¡Y ahora todo era opaco, lóbrego cerrado..! Pero de todas formas… Aún se podía advertir,

Que para todo hay una segunda vez, siempre hay una segunda dirección, que todos los caminos conducen a la antigua Roma.

A veces se tiene lo que no se merece, y se desea lo que no se ama con la misma obsesión que Persifae.

En el cielo de los cuartos de hotel no habitan los silencios prolongados – no, no habitan – ni mucho menos se halla el silencio; así que la primera dirección es la eternamente errada, la que se anota aprisa, mal y a letras grandes e irregulares,

Porque el primer camino nunca existe, – no, no existe – todos nos equivocamos en la primera vez. Y en la segunda.

Así que su primera dirección siempre resultaron rodeos, no la condujo nunca a ninguna parte, Claire no supo volar, no supo rozar el silencio ni entender las sumas de la escuela dominical, para ella la ciudad de Dios seguía con Dios (y así sea), como resultaba que en misa se marchaban bendecidos, pero no con Él. Esa también era el la senda encaminada hacia ninguna parte, el primer camino, el primer borrón en la dirección equivocada,

“Toc, toc.”

Claire lo sabe, - ahora Claire sabe tantas y cuántas cosas… - la casa estaría abierta a pérfidos, traidores, execrables y aciagos de la vida.

Como el carmín, el pintalabios de una dama extendido por las mejillas, una bailarina de Cabaret en medio del Cascanueces, la sonrisa de un niño mientras fantasea con las escalas, con el Réquiem de Mozart, tal vez.

En la historia siempre habrá quienes se conciban a sí mismos en la primera dirección, hasta que disciernan la segunda vía.

A Claire Santo Tomás de Aquino le resultaba aburrido; creer en el infierno como algo tan templado,
El mundo era frío, el infierno era ahora; la gente continuaría por su primer camino,

Dicen – sólo dicen – que lo más complejo eran los primeros pasos hacia Dios, el abismo, el infierno, ahora la vida aciaga, después la muerte, después el más allá.

“La vida que no podremos vivir”,
Porque desde la oscuridad contemplativa, Claire aprendió demasiadas cosas.

Del Amor y sus Lenguajes de Periódico. (I)

A Claire le pareció desde el principio un interesante anuncio: “ Gustaría hablar en glíglico con aquel que no comprende. Que para él la tierra es tierra, la caja de Pandora es algo agotado sólo porque ya está abierto antes que todos nosotros; que el aire es aire, l’ air, la brise, ni azul ni impura; el agua como aquello que se fuga en las manos;

Ill possède des cendres entre les mains,
des mains mortes et dorées,
les mains qu'elles nourrissent et clouent,*
Y los cuadros de Chagall, su torre Eiffel y sus gatos; su ingravidez nocturna y descuidada, una luminiscencia austera y fría.

Crearía palabras, y colores, y gritos, y buscaría la lluvia bajo escombros en las calles del Montevideo, donde una niña linda, la dulce Claire, creció y vivió, y huyó del polvo y de las piedras, de la luna y las ruinas, de las noches tristes de Chagall y de todos los gatos de mirares azules en las calles, del acordeón partido en dos, y del tití haciendo sus escaramuzas.
Los repartidores de periódicos en sus bicicletas al clamor de la imprenta barata y fácil, el olor a sardinas, a sudor, la ropa tendida y vieja, y sucia después de lavar; olor a infancia triste, a infancia encandilada hacia las más tristes servidumbres de una puta.

Claire crecería, comenzaría llorar, olfatearía el aire viciado hacia lo alto de los balcones donde la gente cree dormir – pero sólo cierra los ojos una noche más al mundo hostil, a la criatura infernal que se apodera de sus plazas, sus barcas meciéndose en silencio más abajo del puerto. – y entonces, sólo entonces,


Ahogaría su fe en la bañera, y mientras, los días pasarían mojados, “que comience la lluvia, que comience el olor a sardinas y a la casa de baja alcurnia, que descienda la ira, que llueva adentro, en su camisa, en sus pórticos…”, - y por fin tierra, sangre, dolor, por fin a cosas vivas, sí, a cosas vivas – que pueda escuchar el ladrido de los perros en una cama fría, cada vez ocupada por los distintos rostros de los que ya sólo duermen, sin saber con quién.

A train de gran vitese rumbo a el piano de Charlie Parker como un perseguidor, tal vez el mismísimo Jack, laguideciente…

Que se despierte la tierra y la conciencia, que los suspiros sean algo más que la música de un tango amortiguado al fondo de las balaustradas, ponga un Munch en su vida, faire de vous un Munch Dans votre vie!

Róbenme el silencio de las páginas, el diálogo abierto, un soliloquio, quemen el teatro et Le Bastille si hace falta, ya está bien de orden y desorden,

Más triste habladuría que la de aquel escondido entre cien líneas y el lector de los cafés de esquina, diálogos callados, de tedioso aburrido a post mortem, lacrado como en los sellos, pobre hombre, ajusticiado en la palabra.


El pesimismo hace que las caídas desde los quintos pisos sean más delicadas, solo hay que saber volar, saber saltar; la vida hasta entonces se formaba como algo seguro que ya perdía su gracia, su sentido,

Así que vuela, Claire. Vuela.

Pobre Claire, muchacha, colgada en los balcones escuchando a Neruda, y a Lorca, y a Rimbaud,
En esta vida hubo de ser idiota, hubo de ser poeta,

La noche envuelve, inunda, las filosas golondrinas escapan hacia el mar, cierran los ojos.

Ella también cierra sus ojos, antes de decir su adiós, Au Revoir, Bye Bye, Tschüss, como quiera llamar su tierna eternité,

Esta vez para siempre.



(Posee cenizas entre las manos,
Manos mortecinas y doradas,
Manos que acarician y clavan
.)*

He vuelto tantas veces que no volveré a irme.

Efectivamente, he vuelto
Y vuelvo con disculpas por no tener ninguna excusa lo suficiente buena para todos aquellos que, más o menos, me siguen. No tengo perdón, así que no tengáis piedad.
después de una buena temporada de caos, viene la calma

Pero no os alegréis demasiado, sabéis que en internet no se navega, sólo se naufraga

Pronto volveré a tener otra temporada de caos, el año pasado fue muy productivo, creo que en este (ya entrados en el segundo trimestre, un poco tarde, sí) he tenido menos tiempo para estas cosas,

También deciros, he cambiado el estilo y aprovecho a trabajar con cosas nuevas, nuevos conceptos... Así que, ¡Bienvenidos al año nuevo! Aunque sean más de cuatro meses más tarde.

Sabéis que yo nunca llevo reloj... =D

jueves, 23 de julio de 2009

XLIV. Suaves, fríos labios púrpuras.




XLIV

Sólo era una niña de tu mano,
Íbamos con el viento, con el aire
Jugando en nuestros vestidos,
Rayando el sol sobre los árboles,
Hablando al ruiseñor sobre la noche
Y al pescador sobre la tierra firme.

Sellando los caminos de nácar,
Recogiendo cenizas como si fueran flores
Buscando caricias de luz, arañazos,
Púrpuras, vestidos púrpuras
Hechos hoy ya jirones,
Embarrados en sombras al caer la tarde,
Sedientos de dulzura donde no queda agua,
Suaves, fríos labios púrpuras
Manchados en sangre…
¿sangre dónde?
Sangre bajo un cielo azul
tan puro que atormenta,
tierra tan gris, tan dura que lamenta
la sangre en sus vestidos púrpuras
buscando luz entre la niebla.

domingo, 22 de marzo de 2009

A tres metros sobre el cielo.


Mira a su alrededor. Su casa, la casa de sus sueños. Y ella está allí, con él, y no está soñando. Step la abraza.


-¿Eres feliz?

Ella hizo un gesto afirmativo. Luego abrió sus ojos, llenos de minúsculas lágrimas transparentes. Él la miró.

-¿Qué te pasa?

+Tengo miedo

-¿De qué?

+De no volver a ser nunca tan feliz.



+Esto es precioso.

-¿Es tu casa no?

+¡Estás loco!

-¡Lo sé!

+Soy feliz. Jamás me había sentido tan bien, ¿y tú?

-¿Yo? - La abraza con fuerza.

- Estoy de maravilla

+¿Hasta el punto de llegar a tocar el cielo con un dedo?

-No, así no.

+¿Ah, no?

-No. Mucho más. Al menos tres metros sobre el cielo.